Querida Guernica,
Te vi por primera vez en un departamento alquilado en Río de Janeiro, eras apenas un afiche pegado en el placar de esa casa desconocida. Yo llegando de un largo viaje de tres días en auto, a la madrugada, a dormir por primera vez en esa tierra caníbal, y te vi, alumbrada por la pálida luz de una luna que entraba llena, desde mi cama carnívora.
Que manos te habían sujetado, cuadro antiguo y de país lejano, a estas puertas agitadas con las que curiosamente te sabias entender? Quien te contemplaría, en cama adolescente, fumando algo?
Yo te descubrí, veloz y desgarradora, tus manos agarraron mis ojos con violencia, en la confusión escuche ruidos gritos, la pequeña bombita de luz, el decapitado, los añicos de la madre con su hijo muerto, No podía creer lo que veía, bailabas Guernica. Me contabas cosas. Me hacías doler.
Desde mi cama, éramos yo y vos, pegadas, en un altar de confesiones. Mis ojos sin juicio te dejaron entrar enterita.
Juliana

