Querida tela,
Recuerdo mi sorpresa y admiración cuando te descubrí hace más de 10 años, en Pistoia ,un pueblo de la Toscana cerca de Florencia en un museo íncreíble. Allí en un ambiente monocromático de un azul fabuloso, se exhibía una retrospectiva de Ives Klein. Desde ese momento adoré ese color, y ese artista que con mi ignorancia apenas conocía.
Pero volvamos a vos, tela que añoro, pinceles vivientes en los que él envolvía esos cuerpos voluptuosos y jóvenes, untados en color y plasmados adentro tuyo. En ese momento imaginé mi cuerpo allí estampado...
Hoy a la distancia y con mi cuerpo marchito me pregunto si hubiera sentido la misma sensualidad y atracción… Blanca
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